miércoles, 28 de enero de 2015

LA BATALLA DE CHALCHUAPA


                            







                                   BATALLA DE CHALCHUAPA (1885)



El General Justo Rufino Barrios Auyón (1835-1885) militar y político guatemalteco quién fue Presidente de la hermana Republica de Guatemala (1873-1885), intento restablecer las Provincias Unidas de Centroamérica, para lo cual en un principio conto con el apoyo de Honduras y El Salvador, pero luego el entonces presidente de nuestro País Rafael Zaldívar, respaldado por el gobierno Mexicano, decidió abandonar tal unión, pero ¿qué tiene esto que ver con nuestra ciudad Chalchuapa?

Para esto debemos saber que el deseo del General Barrios era tener bajo su mando a los países Centroamericanos, al igual que la Capitanía General de Guatemala los tuvo bajo su mando durante la época colonial.- Al principio el General Barrios lo intento por la vía diplomática, pero al ver sus deseos truncados y varios intentos fracasados para restablecer esta unión de la región Centroamericana, con negociaciones diplomáticas y conferencia unionistas que no le llevaron a ningún lado en sus pretensiones, decidió tomar el camino de las armas mediante una fuerza militar, conformando un ejército con soldados Guatemaltecos que emprendieron su camino conquistador a través del territorio Centroamericano para poder concretar sus planes, con el objetivo de vencer toda oposición que encontrara; así que el treinta de marzo del año mil ochocientos ochenta y cinco invadió nuestro país, por lo que tuvo un primer enfrentamiento en las orillas del rio fronterizo Coco, en el que triunfaron los Guatemaltecos, al día siguiente las fuerzas Guatemaltecas lograron vencer nuevamente a las tropas Salvadoreñas, esta vez el enfrentamiento tuvo lugar en San Lorenzo, el gobierno Guatemalteco anuncio al cuerpo diplomático que tropas Salvadoreñas habían tratado de invadir Guatemala y ellos simplemente repelieron la invasión; pero, debido a que el gobierno Salvadoreño controlaba la comunicación cablegráfica entre Guatemala y el resto del mundo se desvirtuó la comunicación del General Barrios, anunciándose que el Ejército Salvadoreño había vencido tanto en el enfrentamiento en el rio Coco y en San Lorenzo.

Hay versiones de que mientras dirigía la batalla montado en su caballo el General Barrios cayó a causa de una bala perdida, aunque muchos autores hablan de un complot para asesinarlo, también se dice que al dirigir la batalla desde su caballo el General Barrios se convertía en un blanco fácil por lo que desde las trincheras del ejército salvadoreño salió una bala que impactaría su pecho, la cual terminaría quitándole su vida, otra versión nos narra que: el dos de abril de mil ochocientos ochenta y cinco, se inició el cañoneo contra las posiciones salvadoreñas, y el cual fue contestado por las fuerzas salvadoreñas y hondureñas; la situación salvadoreña era difícil, a pesar de que la ciudad estaba amurallada, el bombardeo continuó, siendo suficientes para aniquilar a los Salvadoreños, y mientras Rufino Barrios anticipaba su victoria, poniéndose al frente de la división de Jalapa al compás de clarines y gritos de entusiasmo, los Salvadoreños le hicieron alto al fuego entre desesperación y como un gesto de valentía, en ese momento, una bala deja sin vida al General Barrios, caudillo unionista; las batallas cesaron, al conocerse la muerte de éste y asume el mando de las tropas guatemaltecas, el general Felipe Cruz.

General Justo Rufino Barrios Auyón (1835-1885)
La versión que manejo el Ejercito la dio a conocer el 12 de abril de 1885, cuando publico en Santa Ana en el "Boletín del Ejército" número 19 en el cual entre otras cosas se manifestaba que:

El Ejército levanto trincheras en puntos convenientes y se situó un considerable número de tropas para defender la línea fortificada que enlazaba Chalchuapa con el Portezuelo, el antemural de Santa Ana, y con las plazas de Atiquizaya y de Ahuachapán. En esta línea estribaba en primer término la salvación de la República, pues aunque había otros puntos por donde el enemigo podía internarse al territorio, no eran a propósito para la conducción del tren de artillería, y además todos estaban cubiertos por tropas salvadoreñas situadas en lugares en donde podían resistir con ventajas a los atacantes de tropas superiores en número. Muy acertado fue, y los hechos lo han confirmado plenamente, la fortificación de la plaza de Chalchuapa, porque no convenía dejar aquella población tan abastecida en poder del enemigo; ya que esta posición era muy importante; los puntos atrincherados de mayor significación en Chalchuapa eran  "Casa Blanca", situada al Oriente y en el término de la población, los lugares situados al Norte como a tres cuadras de la plaza, en el camino que conduce al Pampe y un poco al Occidente de este camino, y el reducto de Occidente. La plaza no tenía solamente estas defensas, porque en la cima de la colina del Calvario había trincheras cubiertas de tropas, en donde se había situado un cañón Krup de á 7 y que podía considerarse como una segunda línea fortificada. Tomada Chalchuapa, el ejército salvadoreño hubiera podido situarse en aquella altura y batir al enemigo, haciendo así infructuoso la toma de la ciudad. Hallábanse defendiendo la población las fuerzas de los Generales Indalecio Miranda, Pedro Escalón, Felipe Barrientos, Manuel Montalvo, Doroteo Fúnes y Rafael Osorio. Al general Escalón estaba encomendado la defensa de la "Casa Blanca", formado todas las tropas, incluso las que se hallaban en la colina del Calvario, unos dos mil ochocientos hombres a los más, favorecidos por una pieza de artillería y mandadas por jefes dispuestos a morir antes que ver la humillación y la deshonra de la patria. El General Barrios avanzó sobre Chalchuapa con el grueso del ejército, que ascendería a ocho mil hombres poco más o menos. Ocupase el día 31, en situar su artillería en puntos de donde pudiese dominar a Chalchuapa, y al efecto, abrió una trinchera sobre la loma de Tapichipéhuíl distancia cuatro mil metros de la plaza. El día l7 de abril parte del ejército llegó a la aldea de San Juan Chiquito. A las ocho de la mañana de ese mismo día el enemigo abrió sus fuegos de artillería y comenzó a lanzar granadas sobre la población incesantemente, sin que este ataque haya dado otro resultado que estropear las paredes y tejados de los edificios. En los momentos de romper el fuego, el General en jefe dijo lo siguiente por telégrafo a los jefes que defendían a Chalchuapa:






        “En manos de ustedes están hoy el honor de la República, y el triunfo de la causa más grande que se ha sostenido en Centroamérica. No les recomiendo el valor porque sé muy bien que se asienta en todos ustedes hasta poder llegar al heroísmo. Lo que deseo es que haya mucha armonía y unión, que cada uno se mantenga firme en su puesto, que todos estén siempre listos para cumplir las órdenes del jefe y procuren mantener una severa disciplina en el ejército. Estén ustedes en el campo de la gloria y tienen que recoger muchos laureles para sí y para la patria".








Estas elocuentes y proféticas palabras se realizaron al día siguiente. La pieza de artillería situada en la colina del Calvario contestó con buena puntería a los disparos del enemigo y por largo rato cruzáronse las balas sobre la población de colina a colina. El enemigo suspendió el fuego como a las 11 del día: notábanse que en su artillería tomaba posiciones en puntos más cercanos, veíanse además desfilar gran cantidad de tropas y todo presagiaban un próximo y formidable ataque. Los fuegos de artillería comenzaron nuevamente como a la una y media de la tarde, las granadas estallaban por todas partes y algunas horas después el valiente General Carlos Molina fue herido en la cara, quedando fuera del combate. Ocupó su puesto el General Miranda.

En el cuartel general se tuvo noticias de que el enemigo intentaba cortar el camino carretero de Chalchuapa a Santa Ana y para evitar dispuso el General en jefe hacer salir quinientos hombres mandados por el Coronel Ignacio Marcial. Este jefe avanzo sobre la carretera sin encontrar obstáculo alguno y sítuandose con su tropa en el lugar llamado "Los Caulotes" frente al camino trasversal de Amulunga, por donde probablemente se presentaría el enemigo. A las ocho de la mañana del memorable 2 de Abril el enemigo rompió con el mayor tesón sus fuegos de artillería, al mismo tiempo que, formando con su infantería un gran semicírculo hacia el Norte de la población, abrió un terrible fuego de fusilería que fue contestado por los salvadoreños con igual brío. El estruendo era grande' una humareda espesa cubría aquel campo de muerte, las balas silbaban por todas partes y las granadas estallaban con estrépito por doquier, pudiendo decirse que no había un punto donde poder estar al abrigo de sus terribles y destructores efectos y a los gritos de Viva El Salvador, Viva el Presidente de la República sucedían las descargas de fusilería llevando la muerte y terror a las filas enemigas. La cuestión, telegrafió el General en jefe a los defensores de la plaza, es de vida y muerte de una manera decisiva:

        “en el valor y la lealtad de ustedes está la suerte de la República. Animo! que debemos triunfar, sosténganse cada cual en su puesto. Somos superiores por las armas y sobre todo por la justicia.”

Temió el enemigo que fuerzas salvadoreñas salieran a favorecer a los defensores de Chalchuapa, y para evitarlo hizo mover dos mil hombres al mando del General Camilo Alvarez sobre el camino carretero que conduce a Santa Ana. Alvarez desalojó de los "Caulotes', la pequeña fuerza del Coronel Marcial, dispersó a los pocos hombres que mandados por el General Jaime Avila fueron en protección de aquel jefe, y parapetóse en medio del camino, dispuesto a disputar el paso a los salvadoreños. Mientras el enemigo interceptaba así el camino carretero de Chalchuapa a Santa Ana, el ataque era empeñado con mayor fuerza sobre la "Casa Blanca", alrededor de la cual, y a una distancia de cuatrocientas varas tomó posiciones y emprendió un nutrido fuego de fusilería y artillería. Este ataque se empeñaba al mismo tiempo que el enemigo hacía llover balas y granadas sobre los atrincheramientos del Norte, fuego que los nuestros contestaban de la misma manera, animados por los valientes jefes y oficiales encargados de la defensa de la plaza. Su artillería era bien manejada, pero la nuestra no lo era menos, dirigida por el denodado e inteligente Capitán francés Alberto Touflet que desgraciadamente cayó herido el día primero, víctima de su generoso entusiasmo por ayudar al Salvador en la guerra a que fue provocado por el General Barrios. Los servicios prestados por Touflet merecen la eterna gratitud de la Patria. El funcionaba como oficial agregado al Ejército. El día dos la artillería era comandada por el teniente coronel Próspero Aguilar. En ese combate memorable y sangriento halló una muerte gloriosa el activo y valiente General Osorio, quien al exhalar el último aliento no pensó más que en la patria. Con su heroica y gloriosa muerte ha dejado un gran ejemplo que imitar. Cuando se notó que el enemigo trataba de apoderarse a todo trance de Casa Blanca y que empeñado sobre ella lo mejor de sus tropas hacía un esfuerzo desesperado, el valiente y aguerrido Miranda a cuyo cargo estaba esa línea, hizo llevar hacia aquel punto un cañón revólver que con sus incesantes disparos comenzó a hacer sobre los enemigos un fuego mortífero. Poco después mandó el jefe de operaciones, atento siempre a todo, nuevas tropas en apoyo de ese punto, y una ametralladora fue también colocada a poca distancia de aquel lugar, sembrando la muerte y el terror entre las filas enemigas. Tuviéronse después informes de que el General Barrios, al notar que en sus tropas comenzaban a desalentarse Con vista de la tenaz defensa de la plaza y de las considerables bajas que las balas salvadoreñas causaban en su ejército, lanzo a su guardia de honor y dirigió personalmente el ataque sobre  "Casa Blanca", más el fuego era tan nutrido que una bala le hirió el pecho, quedando muerto en el acto. Tan palpable es que la causa de la guerra era la voluntad extraviada del Presidente de Guatemala, que muerto éste el enemigo comenzó a flaquear en toda la línea, la fuerza de Camilo Alvarez evacuó “Los Caulotes" dejando enteramente libre la carretera de Chalchuapa, muchos batallones se desbandaron, la retirada comenzó con mucho esfuerzo pudieron los jefes y Oficiales salvar las piezas de artillería. A las cuatro de la tarde el fuego había cesado por completo, y el enemigo había huido hacia la frontera: bien pronto el jefe de operaciones mandó explorar el campo en donde se encontraron considerables pertrechos de guerra y contempládonse con horror más de mil quinientos cadáveres que yacían en aquel campo.

Por nuestra parte en la clase de tropas no tuvimos más que cincuenta muertos y como ciento cincuenta heridos. Como se vé existe gran desproporción con las bajas sufridas por el ejército enemigo, porque los guatemaltecos fueron obligados a batirse en campo raso sin que durante el combate hayan logrado la más insignificante ventaja. Estas son las pruebas dolorosas por que tiene que pasar un pueblo tiranizado que ha venido a derramar su sangre por el simple capricho de un hombre que, creyéndose superior a todos, aún a la justicia divina, quiso extender con el pretexto de nacionalidad, su dominación oprobiosa sobre todo Centro América. Por lo que a nosotros toca, consta a todos que el Presidente de la República tan inclinado a la paz y a las medidas de conciliación, hizo cuanto le fue posible por evitar el derramamiento de sangre centroamericana, pero Barrios estaba resuelto, como él mismo lo dijo a entenderse a balazos con los separatistas, y los traidores entendiéndose por tales los que rechazaban su tiránica dominación; y acostumbrado a llevar adelante sus caprichos, desoyó hasta la intervención amistosa del Cuerpo Diplomático y vino a pagar con la muerte la enorme falta que habla cometido. ¡Gloria bien merecida al Salvador que luchó solo por las libertades públicas de Centro América! ¡Monumento de eterna memoria a los héroes que sucumbieron en servicio de la mejor de las causas y paz a los muertos!, que de las cenizas de las víctimas brote el árbol fecundo de la paz y que el último día en la vida del que fue justo Rufino Barrios sea también el último de la tiranía para no reaparecer jamás en el suelo de nuestros mayores.

La versión del Ejército Guatemalteco narra los hechos de esta manera:

El ejército de Guatemala inicia su movilización el 10 de marzo de 1885. Se conformó una fuerza integrada por 14,500 hombres. El 23 de marzo el ejército inicia el despliegue estratégico y se ubicaron dos concentraciones principales: Jutiapa y Chiquimula.

El 29 de marzo por la tarde, el Batallón Jalapa lanza un primer ataque contra la llanura a inmediaciones de la Hacienda El Coco (a 4 Km. De la frontera con dirección a Chalchuapa) que estaba fortificada. La posición es capturada.

El General Barrios se Había comprometido a no avanzar más para esperar que la coalición de países adversarios manifestara libremente su adhesión a la unión centroamericana. Más tarde se supo que el Doctor Zaldivar, presidente del Salvador sólo pretendía ganar tiempo para preparar su defensa. Zaldivar pidió ayuda a México quien desplegó 15,000 hombres contra el General Manuel Lisandro Barillas quien defendía en la frontera con México con 1,500 hombres.

Ante el informe respectivo el General Barrios respondió: “… dígale que cumpla con su deber; y que si le faltan rifles, los enemigos traen y que se prepare para recogerlos en el campo de batalla”.

Pero Guatemala maniobró políticamente a través de su embajador en Estados Unidos: Batres Jauregui quien pidió que este país pidiera al gobierno mexicano las explicaciones del caso. Gracias a esta oportuna intervención el presidente mexicano manifestó que el movimiento de tropa era con propósito de defensa y que para evitar malentendidos impartiría órdenes que se replegaran inmediatamente.

El 31 de marzo, el General Barrios avanza en el centro hacia la hacienda Magdalena y con el ala sur hacia San Lorenzo. Las tropas salvadoreñas al mando del General Monterroso retroceden. Por la tarde el General Barrios hace un reconocimiento del terreno al llano de San Juan Chiquito, frente a Chalchuapa.

La plaza de Chalchuapa se encontraba fortificada y defendida por 5,000 hombres al mando del General Mora. Las fuerzas se encontraban aproximadamente a 3 Kms entre sí.

El 1 de abril a las 11:00 horas iniciaron los fuegos de artillería contra la artillería salvadoreña. Hacia las 15:00 horas el fuego salvadoreño cesó. Terminó así la primera parte de la batalla con el duelo entre las baterías.

Imagen tomada de Perspectivamilitar.blogspot.com en la que se muestran las seis columnas de ataque del 2 de abril.

El 2 de abril a las 6 de la mañana inician su ataque seis columnas:

El General Barrios ordena al General Álvarez que intercepte el camino de Chalchuapa hacia Santa Ana, el General Luis Molina le cubriría el flanco derecho y la retaguardia. En su yegua se movió a la 3ª columna, el Batallón Jalapa, y le ordenó atacar la posición principal “Casa Blanca” cuando calculara que el General Alvarez había ya interceptado la ruta mencionada.

Enriquez en la 4ª columna apoyaría al Batallón Jalapa en el ataque principal. A las nueve de la mañana la comunicación terrestre con Santa Ana estaba cortada y Chalchuapa estaba rodeada por una línea de fuego que formaba un semicírculo. Los salvadoreños defendían el ataque ferozmente.

Después de medio día el Teniente Coronel Claudio Avila llevó al General Barrios la información que los Jalapas no querían pelear. A lo que respondió: “Esto sólo yo lo arreglo”. Descendió por las colinas con su Estado Mayor, encontró al Batallón Jalapa y lo arengó ofreciéndose él mismo como comandante lo cual entusiasmó a la tropa.

El Coronel Tellez trató de persuadir al General Barrios sobre los riesgos de dirigir aquellas tropas en vez de toda la batalla, pero no atendió la recomendación. En la batalla, el general Barrios observa el arrojo y la valentía de un cadete que era instructor del batallón Jalapa, era el Sargento 1º de cadetes Adolfo Venancio Hall Ramirez. Herido el Coronel Girón, comandante de los Jalapas se dirigió al Sargento Hall diciendo: “cadete, los galones que lleva en el brazo, páselos a la bocamanga”. De esta manera el Sargento Hall era ascendido a Coronel en el campo de batalla.

El batallón jalapa continuó su ataque hacia las trincheras. El nuevo coronel dirigía a sus fuerzas, pero de pronto una bala de cañón corta la vida de aquel valiente. Su cuerpo queda tendido y confundido entre los cadáveres de los hijos de Jalapa. El General Barrios sin desmontar sube a una pequeña altura para tratar de ver las fortificaciones de “Casa Blanca”, se inclina sobre el cuello de la yegua al lado derecho, cuando repentinamente suelta las riendas y cae al suelo.

Jose Angel Jolón acude a su Presidente, el Doctor Joaquín Yela y el Coronel Tellez especialmente, hicieron todo esfuerzo, pero el General Barrios había muerto víctima de una bala que le había penetrado en el hombro izquierdo para herir el corazón.

Trataron de que las tropas no se enteraran. El mando lo toma el General Felipe Cruz, nombrado Mayor General para el efecto. La batalla debía seguir, pero el espíritu de las tropas comenzó a flaquear al saber de la muerte del General en jefe. Zavala, Negrete, Enriquez y Godoy lanzaron un ataque desesperado pero la defensa era férrea. El General Venancio Barrios (hijo del Presidente) se lanza contra las trincheras salvadoreñas sin contenerse por el peligro, encontrando la muerte. A las 15:00 horas se inicia la retirada hacia Chingo.

Las columnas en los flancos del frente no se enteraron de la muerte de Barrios y pasaron la noche en sus posiciones, creídos que Barrios había capturado Chalchuapa. Los salvadoreños se percataron de la retirada hasta la mañana del 3 de abril, pero permanecieron en sus posiciones durante todo ese día.

En Yupiltepeque, Zaldivar persuadió al General Felipe Cruz por telegrama que se aliara con el Salvador y asumiera como Presidente con su respaldo, pero el General Cruz contestó negativamente e indignado por el atrevimiento del presidente salvadoreño. Así, Zaldivar envía al General Mardoqueo Sandoval por Metapán, pero es rechazado por las fuerzas del General Porta que se encontraba reorganizándose en Chiquimula.





La muerte del General Justo Rufino Barrios Auyón llevo un inmenso desaliento a Guatemala, por lo que el día tres de abril un día después de su muerte, la Asamblea derogo el Decreto de Unión Centroamericana que había sido decretado el veintiocho de febrero del mismo año en el que se indicaba que la unión Centroamericana se realizaría, incluso por la fuerza si era necesario, a la vez que se declaraban traidores a quienes adversaran ese plan y se le daba el titulo de “Supremo Jefe Militar de Centroamérica” al general Barrios.

“Muchos podrán cuestionar la actitud y los motivos del Presidente guatemalteco en aquella época, pero Barrios comprendió que una nación fragmentada, en contiendas permanentes, sanaría con la unidad, misma que vendría a consolidar el esfuerzo de los que han precedido la historia. El General Justo Rufino Barrios ofrendó su vida en aras de la unión centroamericana”.

“Ciento veintiséis años después, Centroamérica busca acuerdos para lograr el sueño del General Barrios”.

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    LA BATALLA DE C
HALCHUAPA
la patria”.

BATALLA DE LA ARADA




























    2 de febrero de 1851, Batalla de la Arada.






                                         LA BATALLA DE LA ARADA
Antecedentes:


            Desde que se proclamó la independencia de España, el 15 de Septiembre de 1821, la región centroamericana se veía envuelta en una serie de situaciones políticas que implicaron continuas guerras y movimientos armados que conmocionaron constantemente el área; pues aunque  teóricamente toda la región era un solo país, existía no sólo un gobierno federal, sino gobiernos estatales para cada provincia y éstos no siempre era afines a las políticas de la federación.


           Hacia 1829, el Estado de Guatemala inicial un movimiento por el cual se emancipa de la región; sin embargo, el General Francisco Morazán sitia la
capital guatemalteca y la reintegra nuevamente a la Federación Centroamericana. Tres años más tarde (1832) surge la plaga de cólera en oriente con lo que el gobierno ordena la creación de destacamentos sanitarios
que impidan la propagación del mal; lamentablemente la incorrecta aplicaciónde esta medida limita igualmente la asistencia, abandonándose la región. Esta situación ocasiona una serie de levantamientos armados entre los cuales toma renombre Rafael Carrera, quien con la visión de un gran estratega mantuvo a sus tropas en constante instrucción, permitiéndole contar, no sólo con personal
totalmente adiestrado, sino también con la disciplina que hasta entonces no había sido posible establecer en ninguna unidad militar que se hubiese organizado.








             José Rafael Carrera Turcios, nació en el Barrio de Candelaria de la Ciudad
Capital el 28 de octubre de 1814, siendo aún muy joven se inició en la vida militar
dentro del Batallón Federal y en las Unidades de Voluntarios que irónicamente
habían sido organizadas por el General Morazán; fue parte también del
Escuadrón de Caballería No. 2, participando en las acciones de Arrazola, Milingo
y Agua Escondida, entre otras, luego de retirarse del Ejército se dedicó al cultivo
en la región oriental del país, por lo que se vio directamente afectado por la
mala aplicación de la política sanitaria establecida en el país.
            Así pues, la desorganización existente en las filas Federales permitió que
Carrera afianzara sus movimientos en el sector oriental del país y derrocar al
entonces gobernante Doctor Mariano Gálvez; paralelo a este triunfo fue
nombrado General de Brigada a los 25 años de edad, con lo cual concluyó su
vida de guerrillero.

           A pesar de ello, la inestabilidad en la región fue en aumento y el gobierno
federal fue perdiendo mayor control; para 1838, la integración centroamericana
era sólo un recuerdo del cual se habían separado ya Costa Rica y Honduras, además de formarse el Sexto Estado de los Altos en la parte occidental del
Estado de Guatemala, lo que había dividido y debilitado aún más el área,
surgiendo una serie de conflictos armados que impedían la unificación.
Algunos autores consideran que la pugna existente entre los partidos liberal
y conservador obligaron a la creación y confirmación de Estados
independientes, ya que la dualidad de gobierno creaba constantes y fuertes
luchas de poderes que se complicaban más, pues cada Estado contaba con su
propio Ejército.

           En esta situación el General Rafael Carrera se encuentra lo suficientemente
sólido, para determinar que no es posible permitir más intentos de separación y
creación de nuevos Estados, por lo que en 1840, organiza un contingente militar
para reintegrar el Estado de los Altos al Estado de Guatemala.

Fundación de la República:
           Hacia 1847, el ambiente imperante en la región se va complicando
rápidamente, lo que permite al General Carrera comprender que el divisionismo
existente entre los Estados ocasionará la desaparición política de Centro
América. Finalmente, emite el Decreto del 21 de Marzo del mismo año, en base
al cual funda la República de Guatemala como una nación libre, soberana e
independiente y anuente a unificarse con cualquiera de los Estados
Centroamericanos que así deseen hacerlo en el futuro.
Esta acción es desaprobada por los Estados de El Salvador y Honduras,
quienes se consideran en peligro de ser absorbidos por la recién fundada
República de Guatemala y pactan unificar fuerzas para invadirla. No obstante,
previendo el movimiento, el General Carrera ya contaba con un Ejército
totalmente organizado para cualquier acción de guerra, que estaba seguro,
surgiría; así pues, luego de ser nombrado Jefe del Ejército de la República de
Guatemala, por el Presidente Mariano Paredes, se preparó para organizar la
defensa del territorio.

La Batalla de La Arada:

              Las acciones contra Guatemala se esperaban desde finales de 1850, de tal
forma que cuando se iniciaron las movilizaciones de las Fuerzas Aliadas Invasoras
(El Salvador y Honduras) hacia la frontera, ya el General Carrera contaba con
una unidad defensiva organizada con aproximadamente 2,000 hombres, al
mando del General Vicente Cerna y los Coroneles Leandro Navas y Mariano Álvarez, este último a cargo de la unidad de Artillería y todos dirigidos
personalmente por el General Rafael Carrera.
Por su lado, el ataque de los invasores consistía en tres columnas que se
integraban de la siguiente forma:








1. Columna Izquierda: Al mando de los Generales Gerardo Barrios y Antonio
Asturias, quienes tomarían el poblado de Chingo; amenazarían las
poblaciones de Mita y Jutiapa, para luego avanzar a la Ciudad Capital.
Fuerza aproximada 1,000 hombres.


2. Columna Central: Al mando del General Vasconcelos, debía ingresar a
territorio guatemalteco por Metapán y Chiquimula; su objetivo principal es
el poblado de Zacapa, debía crear un frente distractor al avance de la
primera columna. Fuerza aproximada: 2,000 hombres.


3. Columna Derecha: Al mando de los Generales Cabañas, Nufio y
Guardiola, efectuarían operaciones sobre Chiquimula ocupando el
poblado de Esquipulas. Fuerza aproximada: 1,000 hombres. Carrera sabe que las unidades de Barrios y Asturias son las que tomarán
mayor fuerza si logran ocupar la plaza de Jutiapa, por lo que sale de la Capital
al frente de 500 hombres y se dirige hasta el sitio a donde arriba el 26 de enero y
envía al resto de su grupo en dirección a Chiquimula.
En Jutiapa organiza una partida y sale al frente con destino a Chingo, pero
con el cuidado de hacerlo saber a las unidades invasoras, quienes se
encontraban en esa población desde el 23 y amenazaban con continuar el
avance.
              Ambos Generales creen que la fuerza defensiva de Carrera es mayor que la
propia, razón por la cual abandonan el poblado y se unen a la columna central.
Simultáneamente el General Carrera selecciona los Campos de San José La
Arada para el combate, ya que el sitio le brinda mayores probabilidades de
triunfo.


             De su grupo original, Carrera decide utilizar solamente 1,500 de sus efectivos,
asigna una reserva estratégica de 500 hombres de su Caballería en la
retaguardia, con la idea de que el grupo sea su segunda línea de defensa en
caso de que los invasores logren vencerlo, además de permitirle la posibilidad
de fuerzas frescas y descansadas, en caso de que la batalla se prolongue
demasiado tiempo; siendo importante mencionar que ubica adicionalmente, un
hospital de campaña, dirigido personalmente por su esposa, doña Petrona de
Carrera y sus hijas en funciones de enfermería.


             Las primeras escaramuzas se dan a la altura de Santa Rosa, de donde las
fuerzas guatemaltecas se repliegan hacia San José; por la noche los invasores
ocupan el pueblo y sus al rededores, exactamente a los pies de la posición
seleccionada y ya debidamente fortificada.


             Ya en los campos de San José La Arada, el ejército invasor se divide en cinco
cuerpos al mando de los Generales Vasconcelos, Cabañas, Guardiola, Belloso,
Cordero y Asturias. Los dos primeros inician las acciones de frente con una
fuerza aproximada de 1,500 hombres.


             Los movimientos se inician aproximadamente a las 8:30 a.m., siendo Cabañas
el primero en atacar la retaguardia del ala derecha de Carrera, ganando una
trinchera que pierde poco después.


            Por su parte Vasconcelos dirige el ataque frontal y designa a Guardiola y
Belloso para que taquen el flanco izquierdo, buscando un movimiento
envolvente; sin embargo, Carrera consciente de ello, ordena al General Vicente
Cerna incendiar el cañaveral lateral, lo que brinda no sólo una barrera de fuego que protege su flanco, sino crea una confusión y pánico entre los invasores que
se retiran desordenadamente.


             La batalla se prolonga por espacio de ocho horas, al final de las cuales el
resto de los aliados huyen derrotados, Carrera envía entonces a su reserva
táctica en persecución del enemigo, obteniendo mediante fuerzas frescas una
victoria absoluta, tras la cual se reportan para los ejércitos invasores 500 muertos,
200 prisioneros, además de la captura de 1,000 fusiles, 13,000 cartuchos, 7 cajas
de munición y equipo.


            Finalmente al retornar Vasconcelos a su país informa que la derrota sufrida
fue consecuencia de la supremacía numérica, además del perfecto
conocimiento del terreno de parte de las tropas guatemaltecas, iniciándose una
nueva organización militar para volver a atacar el país. Ante ello el General
Carrera organiza una fuerza expedicionaria que se dirige a Honduras; ataca y
desarticula totalmente el Fuerte de San Fernando de Omoa y vuelve a
Guatemala con todo el armamento recabado como trofeo de guerra.
El triunfo de la Batalla de La Arada, llevado a cabo el 2 de Febrero de 1851,
es considerado como el mayor y más brillante acto militar desempeñado por el
Ejército de Guatemala a lo largo de toda su historia; pues además de lograrse ante una fuerza superior, se adecua el uso de la inteligencia de combate,
táctica de reserva para una segunda línea defensiva y aplica completa y
eficientemente todos los principios de la guerra. Ante este brillante desempeño, el Capitán General Rafael Carrera fue electo
Presidente y tres años más tarde se le declaró Presidente Vitalicio de la
República de Guatemala.